Antología del engaño I: El fraude científico

Bien es sabido por todos nosotros que existen ciertas áreas del saber y del quehacer humano que han sido empleadas como instrumentos de dominación y alienación a lo largo de nuestra historia. Entiéndase por alienación como:

Proceso mediante el cual el individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición.

Sin embargo, en este nuevo siglo, las herramientas de control de masas han cambiado y se han vuelto más sofisticadas y poderosas. En esta serie de escritos, introduciremos al lector al análisis de dichas herramientas con el fin de que sea más crítico en cuanto a la información y a los datos a los cuales tiene acceso todos los días, a través de los medios de comunicación de masas.

Alienación

La alienación sigue existiendo en el siglo XXI, pero ha cambiado sus métodos

En esta primera entrega trataremos el tema de “las ciencias como instrumento de alienación“; y, para ello, formularemos la siguiente pregunta a manera de hipótesis: ¿Pueden las ciencias ser empleadas como instrumento de alienación? (esto es, las ciencias como instrumento para transformar nuestras conciencias a fin de ser sometidos ideológicamente a una doctrina o forma de pensar). A partir de esta pregunta (hipótesis), desarrollaremos nuestra argumentación…

La comunidad científica es una de las más respetadas, debido a la gran ética con la que sus distinguidos miembros se manejan. Tanto es así, que cuando un hallazgo científico demuestra una teoría, el público en general acepta la veracidad de la información. De esta forma, la ciencia ha contribuido a construir nuestra concepción acerca de la naturaleza y del mundo en estas primeras décadas del siglo XXI, y la misma es empleada, por un vasto sector de la sociedad, para sustentar ciertos puntos de vista acerca del hombre y del universo.

No obstante, las personas que recibimos esta información y tenemos la tarea de analizarla, debemos hacernos una interrogante: ¿qué tan veraz es la información que recibimos por parte de la comunidad científica? Aunque esta pregunta parezca “infantil”, la misma es válida y está fundamentada en el principio de que el conocimiento científico es falsable (es decir, que puede ser refutable en el momento en el que se disponga de evidencia para hacerlo).

Al llegar a este punto, nos encontramos inevitablemente con el concepto de “fraude científico”.

Según la revista “The Lancet” en su artículo Handling of Scientific Misconduct in Scandinavian countries, el fraude científico es:

Intención o negligencia crasa que lleva a la fabricación de un mensaje científico o una falsa acreditación o énfasis dado a un científico.

O, también, como:

Distorsión intencional del proceso de investigación al forjar información, texto, hipótesis o métodos del manuscrito o publicación de investigación de otro investigador; o distorsión del proceso de investigación en otras formas.

Schinichi Fujimura

Shinichi Fujimura: científico japonés que enterraba artefactos y los volvía a desenterrar alegando que eran auténticas piezas arqueológicas. Un caso de fraude científico.

Como se puede inferir de estas definiciones, el fraude científico es una acción que puede ser realizada por cualquier persona que esté dedicada al campo de las ciencias. Así tenemos, pues, listas, comparaciones y artículos dedicados a estas prácticas e, incluso, “rankings” de cuáles han sido los fraudes más destacados de los últimos tiempos.

Por esta razón, es muy importante que nos hagamos la siguiente pregunta, derivada de la anterior: al estar comprobada la existencia del fraude científico, ¿con qué frecuencia se reportan casos de fraude en el campo de las ciencias?.

Un estudio publicado en la revista PLOS ONE, titulado How Many Scientists Fabricate and Falsify Research? A Systematic Review and Meta-Analysis of Survey Data (2009), explica que la proporción de trabajos publicados a partir de estudios fraudulentos o mediante malas prácticas intencionales con respecto al total de trabajos publicados es alta; además, se indica que dicha proporción ha aumentado en los últimos años (es importante destacar que, según los autores, las cifras que obtuvieron son conservadoras, por lo que las cifras reales pueden ser más altas).

El análisis de las evidencias indica que el fraude científico es una práctica habitual en dicha comunidad (el 72% de los científicos consultados ha sido testigo de prácticas fraudulentas por parte de sus colegas, mientras que el 14% ha admitido haberlas hecho por sí mismos).

Veamos el análisis de los resultados:

“Se encontró que, en promedio, un 2% de los científicos admtieron haber fabricado, falsificado o modificado datos o resultados, al menos, una vez, lo cual es considerado como una forma grave de mala praxis por cualquier estándar.

El artículo continúa diciendo:

“y arriba de un tercio admitió una variedad de otras prácticas de investigación cuestionables, las cuales incluyen: entrega de datos basados en un presentimientocambios del diseño, metodología y resultados de un estudio en respuesta a presiones provenientes de la fuente de financiación.

El señalamiento de que el fraude es provocado en muchas ocasiones, por presentimientos (“sentimientos viscerales” según el original) y por presiones de las fuentes de financiación, demuestra que una parte de los estudios científicos pueden ser determinados por la subjetividad y por motivaciones ajenas al progreso de la humanidad. Entonces, esta evidencia “robusta” (como lo indica el estudio) nos plantea la posibilidad de que el conocimiento científico puede estar siendo utilizado como uno de los instrumentos de dominación del siglo XXI.

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Hay sectores muy poderosos que determinan los resultados y las conclusiones de muchas investigaciones científicas. La posibilidad de influir sobre las personas es real.

La razón de esto es simple: a lo largo de la historia del ser humano, los sectores dominantes siempre han ejercido presión sobre las mentes de los individuos para que estos, de una u otra forma, contribuyan a sostener el status quo imperante o transformar su conciencia a fin de que abandonen prácticas e ideas que puedan amenazar sus intereses. Así tenemos, por ejemplo, el caso de la “superioridad racial”, sustentada en explicaciones “científicas”: las teorías sociales del siglo XIX basadas en las teorías científicas de Charles Darwin, las cuales cimentaron las ideologías supremacistas que fueron el caldo para los grandes conflictos del siglo XX (Guerras mundiales). Por esta razón, podemos inferir que el empleo del conocimiento científico como medio de alienación y control en este siglo XXI es una posibilidad real debido a que la evidencia histórica de este comportamiento es contundente.

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En el siglo XIX y principios del XX, el imperialismo empleó teorías científicias para sustentar su expansionismo y la alienación de culturas y sociedades enteras.

Hoy cada vez son más los sectores que emplean a las ciencias como un instrumento para transformar la conciencia de las personas, provocando que estas abandonen valores, ideales, formas de pensar y demás, con el argumento de que estas son “retrógradas”, “inservibles” y “supérfluas”. No obstante, el incremento de la deshumanización y la pérdida de la sensibilidad y empatía ha ido en aumento, lo que nos hace pensar que, probablemente, ambos fenómenos estén relacionados entre sí. En este aspecto, tenemos un ejemplo muy reciente: el caso del ébola en el continente africano. El mundo no prestó atención a la situación hasta que la epidemia comenzó a afectar a los ciudadanos de los países más poderosos. Entonces, aparecieron una gran cantidad de medicamentos y vacunas “experimentales”, y todos estaban a la expectativa de una cura definitiva, aparte de que todos querían ayudar. Sin embargo, actualmente, el ébola ha dejado de ser un fenómeno mediático y todas las promesas de una ayuda contundente y rápida se han desvanecido; pero, como era de esperarse, la gente sigue muriendo y nadie comenta o da la voz de alarma al respecto como en aquel momento; además, la investigación médica continúa, pero ya no con el mismo empeño y fuerza, ni mucho menos, con el mismo compromiso de antes, por lo que, probablemente, se postergue la solución, la cual, es posible que ya exista (recuérdese lo dicho anteriormente: los investigadores científicos, muchas veces, responden a intereses propios o de sus fuentes de financiación).

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Los investigadores científicos, muchas veces, responden a intereses propios o de sus fuentes de financiación

En conclusión, la respuesta a la pregunta “¿Las ciencias pueden ser empleadas como instrumento de alienación?” es un abrumador SÍ. Aunque no se quiera admitir, el ser humano es propenso a comportamientos y prácticas cuestionables en todos los ámbitos en los que se desenvuelve. Por esta razón, nos atrevemos a decir que hemos comprobado que nuestra hipótesis es correcta debido al demoledor peso de las evidencias, tanto las obtenidas a través de la investigación como a la contundente evidencia histórica.

Es responsabilidad del lector, pues, determinar si todo lo que se nos etiqueta como “retrógrada” o “arcaíco” verdaderamente lo es, o, simplemente, es una táctica para crear una masa de personas insensibles a fin de que sean más susceptibles a las ideas alienantes de los más poderosos.

Enlaces de interés

Definición de alienación

Sustento teórico sobre la falsación y de su proponente, Karl Popper

Breve síntesis acerca del fraude científico

Handling of scientific dishonesty in the nordic countries (en donde se proponen las definiciones de fraude científico que se emplearon en este artículo)

El concepto de raza superior y cómo ha sido sustentado a lo largo de la historia, incluyendo las concepciones del siglo XIX.

Fraude y falisificación de los resultados científicos: Conclusiones de un estudio publicado en PLOS ONE. (Una síntesis en español sobre el estudio citado en este escrito).

How many scientist fabricate and falsify research? A systematic review and meta-analysis of survey data. (El artículo completo que presenta los datos y los análisis de los mismos)

El ébola se mantiene como emergencia global: OMS. La situación actual de la epidemia que sigue siendo un peligro.

Uno de los tantos “rankings” de fraudes científicos.

Sandy Anderson y el caso de los restos óseos plantados. Una caso de fraude científico en Panamá.

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